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TLC y desarrollo humano.

El desarrollo costarricense debe estar al servicio de las personas
 
Óscar Álvarez Araya
 

Independientemente de que se ratifique o se rechace en la Asamblea Legislativa el Tratado de Libre Comercio con EE.UU., Costa Rica debe definir lo más pronto posible, por medio del diálogo y de la concertación, una Agenda Nacional de Desarrollo Humano para los inicios del siglo XXI.

Lo más importante es que Costa Rica continúe siendo un país de paz social y una democracia representativa, que piense y se mueva hacia el desarrollo como objetivo, pero no hacia cualquier tipo de desarrollo.

El desarrollo costarricense debe estar al servicio de las personas, no al del mercado o del estado. Como han proclamado las Naciones Unidas: “El desarrollo humano se teje en torno a las personas y no las personas en torno al desarrollo”.

La meta de los Gobiernos debe ser el desarrollo humano integral, solidario, inclusivo y sostenible.

Solidaridad y libertad. El desarrollo humano integral significa tanto el desarrollo económico como el social y cultural, con responsabilidad ambiental. Como escribió Juan Pablo II en su encíclica Sollicitudo Rei Socialis : “Para ser tal, el desarrollo debe realizarse en el marco de la solidaridad y de la libertad, sin sacrificar nunca la una a la otra bajo ningún pretexto”.

Costa Rica debe precisamente definir no solo su vía, sino también su estilo de desarrollo. Debe ser un desarrollo en democracia y paz, con participación ciudadana, con respeto a los derechos humanos y con soluciones humanistas, concertadas y de centro. Y en el centro del centro ha de encontrarse la primacía de la persona humana, protagonista y destinataria del desarrollo.

Un estilo de desarrollo en el marco de una cultura de paz y reconciliación que valora el diálogo social, la tolerancia, la resolución negociada y no violenta de los conflictos; entendiendo la paz no simplemente como la ausencia de guerra, sino como un estado de armonía del ser humano consigo mismo, con sus semejantes y con la naturaleza; entendiendo la paz como presencia de armonía, compasión, fraternidad, libertad y justicia.

Las políticas públicas han de promover el desarrollo humano de todos, pero con opción preferencial por los más pobres. Una de las prioridades de ese estilo de desarrollo debe ser, sin duda, la eliminación de la pobreza, que no se reduce en Costa Rica desde 1994, cuando se situaba en un 15%, según cifras de la CEPAL.

Eliminación total. Después, el índice de pobreza subió en los últimos años y hoy está en alrededor del 20%; es decir, alrededor de un millón de costarricenses viven en la pobreza. Hay que bajar nuevamente ese índice hasta el 15%, primero, y después seguir enfrentando las causas de la pobreza hasta eliminarla completamente.

Otras prioridades de nuestro desarrollo deben ser promover la cultura de la vida frente a la cultura de la muerte; promover los valores de la excelencia frente a los valores de la mediocridad. También debe serlo el fortalecer las medidas preventivas de la delincuencia, tales como la creación de empleos productivos y de calidad. Se incluye también el fortalecer las oportunidades de una educación integral, balanceando la formación humanista con la formación profesional y técnica.

En medio de una América Latina que parece cambiar buscando nuevos caminos, hay que releer también a los grandes clásicos del humanismo, porque tienen una gran vigencia y pueden ser fuente de inspiración para una agenda nacional de desarrollo humano.

El futuro puede estar, si lo queremos, en la convergencia de diferentes humanismos.

 
 
 

 

 
 
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