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Humanismo renovado.

 
Óscar Álvarez Araya
 

El humanismo debe renovarse para ser efectivo en las realidades de nuestro tiempo de globalizaciòn y posguerra frìa. En vez de ir contra la globalizaciòn, nueva etapa de la historia, ha de navegar dentro de la globalizaciòn. No se trata de ir contra el “internet” sino de reducir la brecha digital. No se trata de ir contra el mundo globalizado sino de insertarse con inteligencia dentro de la economia planetaria.

Como escribiò el intelectual britànico Anthony Giddens: “La vida polìtica no es nada sin ideales, pero los ideales son vacìos si no se refieren a posibilidades reales”. Los programas polìticos y sociales deben responder a un tiempo històrico. Las doctrinas sociales deben estar siempre sujetas a perfeccionamiento y actualizaciòn.

Hay que evitar tanto la idolatrìa del estado como la del mercado, promoviendo el equilibrio y la cooperaciòn entre el estado, la comunidad y el mercado. En vez del estatismo, del mercadismo o del populismo, serìa mejor trabajar por un humanismo renovado. Dicho humanismo debe promover un balance entre los valores fundamentales de la libertad, la justicia y la solidaridad.

El estado debe ser garante del bien comùn y promotor subsidiario del desarrollo. La comunidad debe ser vigorosa, pluralista y participativa. La economìa debe ser humana y “social de mercado” adecuàndola a cada realidad nacional. La meta debe ser el desarrollo humano integral, inclusivo y sostenible.

No hay que convertir los medios en fines ni poner a las personas al servicio del estado, de la comunidad o del mercado. Es al revès:

El estado, la comunidad y la economìa deben ser medios al servicio de la realizaciòn, la dignidad y el bienestar de la persona humana. El crecimiento debe ser compatible con la equidad. La pobreza y la inseguridad ciudadana deben ser atacadas en sus causas màs profundas, especialmente la falta de empleos productivos de calidad y la ignorancia.

La polìtica debe sujetarse a la ètica (Aristòteles) y no la ètica a la polìtica (Maquiavelo).

Las personas deben ser el centro y el sujeto de la vida social, econòmica y polìtica. Son seres ùnicos e irrepetibles, con una dimensiòn tanto individual como social. Las familias deberìan ser las cèlulas vivas de la sociedad y del desarrollo humano. La sociedad civil y las organizaciones intermedias han de tener su amplio espacio para operar con autonomìa del gobierno.

La libertad debe ser inseparable de la responsabilidad.

Los “estatismos” fracasaron en sus versiones extremas en la Uniòn Soviètica, en la Europa Centro Oriental y en la China Popular. El estatismo no es una vìa para el desarrollo y tampoco reduce las desigualdades y la pobreza. Los “mercadismos” puros no son viables polìticamente. Y ninguna sociedad ha pasado del subdesarrollo al desarrollo con una pura “sociedad de mercado”. Los casos exitosos de desarrollo en Asia, en Europa y en Amèrica no han sido experiencias de estatismo, o mercadismo o populismo sino de convergencia inteligente entre el sector pùblico y el sector privado, entre el estado y la economìa de mercado.  

Hay que pasar del reino de las ideologìas absolutas y cerradas a la inspiraciòn de un humanismo pluralista que se alimenta de diversas fuentes. Hay que revalorizar la comunidad para hacer màs fuerte y mejor la democracia. Hay que fortalecer a los partidos polìticos hacièndolos màs modernos, democràticos y comprometidos con la ètica.

Hay que aprender del ejemplo, de los principios y de la inspiraciòn de los grandes maestros del humanismo, como Erasmo de Rotterdam, el màs grande humanista del Renacimiento quien escribiò “ hay que promover una reforma gradual y pacìfica de la sociedad hasta hacerla màs humanizada donde el hombre pudiera desarrollarse al màximo”.  

Hay que seguir la huella de los grandes adalides y reformadores de esa causa: Eduardo Frei Montalva en Amèrica Latina, Konrad Adenauer y Juan XXIII en Europa, Abraham Lincoln en Amèrica del Norte, Mahatma Gandhi en Asia. Pero seguir su huella no significa repetir sus reformas y soluciones que fueron apropiadas para otro tiempo. Seguir su camino no significa repetir su trayecto.

La gran tarea de nuestra època es renovar el humanismo y convertirlo en un programa viable en los inicios del siglo XXI. Este no serà un asunto de un solo hombre o de un solo partido o de un solo paìs. Tienen la palabra los humanistas contemporàneos de todas las escuelas de pensamiento y de todos los partidos.

Sòlo con un humanismo renovado serà posible construir una gran concertacion de fuerzas de “centro humanista y reformista” que haga posible el desarrollo en la Amèrica Latina del siglo XXI.

oalvarez@oscaralvarez.co.cr

 
 
 

 

 
 
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