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Gobierno y bien común

 
Óscar Álvarez Araya, Ph.D.
 

Aristóteles es el Padre del concepto de bien común. Clasificó a los gobiernos en dos grandes grupos: los que están al servicio del bien común e inspirados en el altruismo y los que están al servicio del interés de los gobernantes e inspirados en el egoísmo. Pero el aspecto que distingue entre un gobierno bueno y uno malo es si el mismo está o no está al servicio del bien común.

Santo Tomás de Aquino injertó ideas de Aristóteles en el árbol del cristianismo estableciendo que la primera función de un grupo gobernante es contribuir al bien común.

Luego el Dante, poeta cristiano medieval, también fue discípulo del Estagirita  y entendió el poder como un servicio del bien común y no como un privilegio.

En el siglo XX Jacques Maritain, un convertido al catolicismo y al tomismo, estableció la relación entre persona y bien común escribiendo que: “Frente a la noción de persona, como unidad social, se presenta la noción de bien común, como fin del todo social. Trátase de dos nociones correlativas que se complementan mutuamente”.

Para el jesuita del Renacimiento español Francisco Suárez la meta de la comunidad política debe ser conseguir el bien común. Y la libertad es parte de dicho bien. Fue otro aristotélico pero introduce el concepto de bien común universal. Sostuvo que así como el estado se ocupa del bien de la comunidad, así también sus relaciones internacionales deben ocuparse del bien común de todos los hombres, es decir del bien común universal. En fin que la política exterior del estado debe estar al servicio del bien común en el ámbito mundial.

Un concepto completamente diferente al del diplomático florentino Nicolás Maquiavelo, para quien las preocupaciones morales no interesan ni en la política interna ni en la externa pues el estado es un ente soberano que se debe guiar solamente por sus propios intereses. Si para los aristotélicos lo más importante es el bien común, para los maquiavelistas lo esencial es el interés del estado definido con absoluto realismo político por los que gobiernan: la famosa “razón de estado” por encima de cualquier otra consideración ética o política.

La crítica que se ha hecho a los aristotélicos es que el bien común no es más que el concepto particular de bien común que tengan los gobernantes de turno. Es decir que el bien común termina siendo el interés de los que mandan. Pero asimismo la crítica que se hace a los maquiavelistas es que la razón de estado no es más que el concepto de razón de estado que tienen los que están a cargo del gobierno. Es decir que termina siendo el interés o la razón del gobernante. La ventaja de los aristotélicos es que por lo menos le ponen límites éticos al ejercicio del poder mientras que los maquiavelistas promueven el ejercicio del mismo con total independencia de la ética. Yo prefiero a los primeros.

Siguiendo con los discípulos de Aristóteles y de Santo Tomás, el Papa Juan XXIII en Pacem in Terris dijo que “La razón de ser de cuantos gobiernan radica por completo en el bien común”. Y agregó que “En la época actual se considera que el bien común consiste principalmente en la defensa de los derechos y deberes de la persona humana”.

Así también retomó el concepto de bien común universal de Suárez cuando afirmó que “en la ordenación de las relaciones internacionales la autoridad debe ejercerse de forma que promueva el bien común de todos…”

En fin que la primacía del bien común debe regir la sociedad política tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Entendiendo que el bien común consiste hoy día fundamentalmente en el respeto y la defensa de los derechos humanos. Si por ejemplo un gobierno no respeta los derechos humanos pues no está promoviendo el bien común y si favorece o se hace cómplice de violaciones a los derechos humanos en otros países pues está trabajando contra el bien común universal.

En resumen es preferible un concepto de gobierno limitado por la ética, el bien común, tanto nacional como universal, y el respeto a los derechos y deberes de la persona humana que un concepto amoral del gobierno que se presta y le abre el camino a los mayores abusos contra la dignidad humana, como ha sucedido en tanto gobierno autoritario y totalitario, sea de derechas como de izquierdas, y también en algunos gobiernos democráticos, inspirados todos en la razón de estado de Maquiavelo.

Por lo tanto lo mejor que puede hacer un gobierno de nuestra época es entonces guiarse por el altruismo, ponerse al servicio de la ética y de la sociedad, trabajar activamente y con inteligencia por el bien común, tanto en la política interna como en la política internacional y velar en todas partes por el respeto y la promoción de los derechos humanos.

Primacía del bien común y de la dignidad de la persona humana. Esto es por lo menos lo que extraemos de las enseñanzas de Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, Francisco Suárez, Jacques Maritain y Juan XXIII, entre otros genios del pensamiento político y del desarrollo humano integral.

 
 
 
 
 

 

 
 
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