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Una economía arraigada en la realidad socio-histórica

 
Óscar Álvarez Araya, Ph.D.
 

Una globalización diferente es una globalización con rostro humano

Las economías no existen en el vacío y más bien se desenvuelven en medio de una realidad socio-histórica.

En el ámbito internacional se vive una etapa histórica caracterizada por los procesos de globalización con manifestaciones económicas, tecnológicas, políticas y culturales.

La globalización es la principal tendencia de la economía internacional y tiene aspectos positivos y negativos que han dividido a la sociedad mundial en “globalizadores” que tienden a idealizar el proceso y “anti-globalizadores” que se oponen al mismo. Ante tal polarización, los humanistas proponemos un tercer camino que consiste en aceptar la globalización como una realidad de nuestro tiempo con aspectos positivos y negativos y trabajar por una política que permita fortalecer lo positivo y contrarrestar lo negativo del proceso.

En el Documento Conclusivo de la Conferencia de Obispos latinoamericanos realizada en Aparecida, Brasil durante el mes de mayo de 2007 se mencionan algunos de los aspectos tanto positivos como negativos del proceso. Entre los positivos se mencionan el acceso a nuevas tecnologías, mercados y finanzas, así como las altas tasas de crecimiento económico y la formación de una clase media tecnológicamente letrada.  Entre los aspectos negativos se mencionan la concentración de riqueza, el aumento de las desigualdades y la tendencia a excluir a los pobres: “Una globalización sin solidaridad afecta negativamente a los sectores más pobres. Ya no se trata de la opresión o explotación sino de algo nuevo: la exclusión social…Los excluídos no son solamente explotados sino “sobrantes” y “desechables”. (Aparecida, pag, 39)  Ante tales realidades el Documento de Aparecida propone una globalización diferente que esté marcada por la solidaridad, por la justicia y por el respeto a los derechos humanos.

En el contexto de la globalización se ha recurrido a la negociación, aprobación y puesta en práctica de Tratados de Libre Comercio como instrumentos para promover el comercio internacional, atraer inversiones extranjeras y estimular el crecimiento económico y la creación de empleos.

Más allá de las clásicas divisiones ideológicas, los países que mejor se han adaptado a los procesos de globalización se convierten en palabras de Andrés Oppenheimer en sus “Cuentos Chinos” en países “atrapa inversiones”, mientras los que rechazan la globalización se tornan en “ahuyenta inversiones”. China por ejemplo con una ideología oficial marxista es el más exitoso “atrapa inversiones”, mientras la Venezuela de Hugo Chávez, también simpatizante de un marxismo bolivariano más bien clasifica como “ahuyenta inversiones”.

Otro rasgo internacional de la actual etapa histórica es el fin de la Guerra Fría que estuvo caracterizada por el enfrentamiento entre dos bloques ideológicos, el socialista soviético y el capitalista y el nacimiento de una sociedad internacional con una sola superpotencia económica, política y militar: los Estados Unidos de América. Se vive entonces una etapa histórica caracterizada por el triunfo del capitalismo o si queremos ser más precisos de los capitalismos estadounidense, europeo, japonés, chino etc. Todas esas experiencias tienen en común el predominio de economías orientadas hacia el mercado, si bien algunas como las europeas tienen un tono más social.

Otro rasgo de la actual etapa histórica en el ámbito de lo político puede ser denominado como la globalización de la democracia liberal. Se trata de un proceso internacional, sostenido, llamado por Huntington la Tercera Ola de la Democracia, pero que aún no cubre a todas las sociedades del planeta. 

En resumen toda reflexión realista y actualizada sobre economía debe tomar en cuenta que vivimos en una etapa histórica caracterizada por los procesos de globalización, la unipolaridad, el predominio de una superpotencia, la competencia por los mercados y las inversiones, el triunfo de los capitalismos y el  predominio de las economías de mercado y de las democracias liberales.

Sin embargo, hay también contratendencias. Por ejemplo en la América Latina en medio de la Tercera Ola de procesos de democratización se ha venido expresando sobre todo en los resultados electorales una especie de fatiga de los votantes con las opciones políticas de reforma económica y economía de mercado y una tendencia a votar por opciones de centro-izquierda, izquierda y en algunos casos de abierto populismo de signos autoritarios. En tal contexto los casos de México, Colombia y Costa Rica parecen excepciones.

Utilizando los canales de la democracia ha venido avanzando un nuevo populismo estatista y adversario de todo lo que se identifique como “neoliberalismo”. Dicha corriente tiende a fortalecer el papel del estado y de los gobernantes y en algunos temas es anti-globalizador, anti-mercado y hasta anti-democracia representativa.  En el caso del gobierno de Hugo Chávez, por ejemplo,  está ensayando una suerte de vía dentro de la democracia y el estado de derecho para concentrar poder en la Presidencia de la República e inaugurar estructuras autoritarias. En el caso del grupo ALBA, lidereado por Caracas se ofrece como la alternativa frente al ALCA, los Tratados de Libre Comercio que se suscriben con los Estados Unidos y el “neoliberalismo en general”.

 

Personas como fines, estado y mercado como medios

Durante el último siglo, la historia de las ideas políticas y económicas se ha movido como un péndulo desde el culto al estado en sus diferentes manifestaciones hasta el culto al mercado y viceversa. Cuando se expresaron los problemas del estatismo, surgió la tendencia de buscar desesperadamente en el mercado las soluciones a todos los males y cuando se descubrieron los límites y las realidades del mercado, entonces algunos sueñan con el regreso al estatismo.

Es un proceso pendular bastante natural, especialmente en países en vías de desarrollo que buscan incesantemente la vía y hasta la panacea para ingresar al club selecto del primer mundo.

Y sin embargo, todos los casos exitosos de desarrollo económico durante el siglo XX constituyeron mezclas, combinaciones diversas entre las acciones de un estado promotor del desarrollo y la economía de mercado. Tal fue el caso de Japón, los Cuatro Dragones Asiáticos, Australia y Nueva Zelanda, entre otros.

En la cultura milenaria china se dice que la sabiduría está en el equilibrio y el complemento entre los contrarios, entre el ying y el yang. No hay nada más absurdo que ponerse a escoger entre lo femenino y lo masculino, entre el estado y el mercado, cuando ambos ( ying y yang ) son instrumentos indispensables para avanzar hacia lo más importante: el desarrollo humano, la realización integral de las personas. Tanto la idolatría del estado, propia de los sistemas totalitarios y colectivistas, como la idolatría del mercado terminan sacrificando al ser humano en el altar de la ideología y del fundamentalismo.

En las sociedades de hoy ningún estado podría funcionar sin una economía de mercado, salvo quizás en la más completa pobreza y hambruna, como lo ilustra el caso de Corea del Norte. Aún países que se siguen suscribiendo al socialismo marxista como ideología oficial, tales como la República Popular China y Vietnam, han introducido variantes de economía de mercado. China ha basado su crecimiento económico alto y sostenido durante casi tres décadas en un sistema político autoritario de partido único y en una economía socialista de mercado.

Por otra parte, todos los casos de países más o menos exitosos en el campo del desarrollo humano funcionan con economías de mercado. Tales son los ejemplos de Canadá, la mayor parte de Europa, Australia, Nueva Zelanda y los Estados Unidos de América.  

 

Estado promotor, crecimiento con equidad y economía ecológica y social de mercado

Pero a su vez, toda economía de mercado requiere de un marco jurídico, de un imperio del derecho, de un ente coordinador y gestor del bien común, de una instancia que incluya en su agenda los temas que jamás resolvería una pura lógica de mercado, especialmente en áreas como el ambiente, las garantías sociales, los derechos laborales, la salud, la educación, la seguridad, la política exterior y la cultura. A ese organismo gestor del bien común y promotor subsidiario del desarrollo le podemos llamar el estado. A esa economía que funciona dentro de un marco jurídico que le señala responsabilidades sociales y ambientales le podemos llamar economía ecológica y social de mercado.

El mercado es una condición indispensable para tener una economía eficiente de crecimiento económico pero insuficiente para tener una economía humana…razón por la que se requiere de una función  rectificadora  orquestada por el estado subsidiario y promotor para disminuir la pobreza y las desigualdades y en fin darle equidad al crecimiento de la economía. Como escribió Alfred Muller-Armak:

 “…se puede definir a la economía social de mercado como una idea de ordenamiento económico que persigue el objetivo de combinar, sobre la base de una economía competitiva, la libre iniciativa con el avance social, asegurado a su vez por el rendimiento de la economía de mercado”.

Lograr equilibrio, armonía y coordinación entre el sector público y el sector privado, entre un estado moderno, eficaz e inteligente y una economía humana, ecológica y social de mercado, tanto competitiva como cooperativa, que trabajen conjuntamente, es tarea de nuestra época y de nuestra etapa histórica. Un estado de la era del conocimiento y una economía de la solidaridad, la equidad y la competencia deben trabajar en armonía por la dignidad de las personas y el bienestar humano.

Así lo han hecho ya muchos países y lo siguen haciendo al avanzar por diferentes senderos, así como también siguen existiendo naciones que constituyen ejemplos de extrema incapacidad para avanzar y continúan funcionando terriblemente mal, sea por rumbos de culto al estado, de culto al mercado, de simple indefinición permanente o de zigzagueantes e ineficaces movimientos de un extremo al otro, lo cual constituye tal vez el sendero más seguro para el retroceso y el fracaso.

No hay, desde luego, paraísos económicos o políticos ni sistemas humanos perfectos ni modelos aplicables para todos los tiempos y lugares, pero sin duda sí hay países que han avanzado mejor hacia el desarrollo humano y otros que se quedaron más rezagados, constituyendo toda una escala desde los mejores hasta los peores, pasando por los intermedios.

Aprendamos, entonces, tanto de los mejores y de los intermedios, como de los peores, para no seguir su camino. Pero en todo caso, una actitud mental de centro, abierta al aprendizaje, sin prejuicios ni dogmas y lejos de los extremos, es más aconsejable en nuestros tiempos para aprender de los demás, de nuestros propios errores y éxitos y para enrumbar a nuestros países hacia niveles superiores de crecimiento económico con equidad y de desarrollo humano integral, inclusivo y sostenible.

 

Trilogía del estado, la comunidad y el mercado al servicio de las personas.

El futuro promisorio en el siglo XXI no parece estar en los fundamentalismos, sean éstos de estado o de mercado, sino en un humanismo abierto a considerar a ambos como realidades sociales perfectibles y medios complementarios de nuestro tiempo histórico para avanzar hacia lo más importante: el desarrollo y el crecimiento material y cultural de las personas. Sin olvidar que las personas viven en múltiples comunidades y que las mismas deben trabajar mucho para consolidar sus derechos. Los humanistas de centro basamos nuestra acción política en la trilogía constituida por el estado, el mercado y la comunidad.

Las personas deben ser el centro, el sujeto y el fin de la vida social, económica y política. El estado, el mercado y la comunidad deben ser medios complementarios al servicio de los seres humanos.


 
 
 
 
 

 

 
 
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