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La dignidad humana en el centro

 
Óscar Álvarez
 

La acción política basada en la responsabilidad cristiana debe poner en el centro a la dignidad humana, tal es la conclusión principal de un documento elaborado y publicado recientemente por conspicuos representantes de la Doctrina Social Católica y de la Ética Social Protestante en Alemania.

El texto de carácter ecuménico nació bajo el auspicio de la Fundación Konrad Adenauer y fue editado por su Presidente el Doctor  Bernhard Vogel. Se puede consultar en el número 4 del año 2006 de la revista “Diálogo Político” que publica esa Fundación en Buenos Aires.

Según los autores, todos académicos con doctorados en Ética y Teología de las mejores universidades alemanas,  la dignidad humana es el derecho inherente a todo hombre, por el simple hecho de existir, a ser respetado como ser humano.

 A continuación intento resumir muy sucintamente algunos de los conceptos del documento.

Según los autores, la primera consecuencia concreta de la dignidad humana es el respeto y la protección de la vida humana porque el derecho a la vida es la condición previa para la salvaguarda de todos los demás derechos.

Otra consecuencia concreta de la dignidad humana es el respeto y la protección de la autodeterminación del hombre, es decir su libertad. Por lo tanto son básicas la libertad religiosa y de conciencia y todas las demás libertades fundamentales.

Asimismo (  agregan ) debe existir una relación indisoluble entre la noción cristiana de dignidad y la responsabilidad de los ciudadanos y de los gobernantes. En las decisiones políticas se considera esencial respetar el derecho a la vida y las posibilidades vitales de las futuras generaciones hoy amenazadas por la contaminación y los riesgos ecológicos.  

Un aspecto muy importante surge cuando consideran que el elemento distintivo de una concepción cristiana de la dignidad humana “es que une a las personas y no las separa”. En ese sentido según los autores la idea cristiana de dignidad humana debe conducir a la práctica de la solidaridad, tanto la voluntaria como la establecida por ley.

Por otra parte, continúan, según la concepción cristiana la dignidad humana no es idéntica a la justicia, pero la justicia es otra de las formas en las que se expresa dicha dignidad.  

Llama la atención que los autores del documento han escogido el concepto de justicia del romano Ulpiano quien inspirado en el poeta griego Simonides y en Aristóteles y Cicerón señaló que “justicia es la voluntad constante y perpetua de darle a cada uno su derecho”.

Y posteriormente refiriéndose a la justicia social afirman que “está reñido con la dignidad humana negar a individuos o grupos enteros las posibilidades necesarias para desarrollarse en la vida, lanzándolos a la pobreza, la marginación y la miseria”.

Finalmente establecen que en lo que se refiere a las relaciones entre pueblos o relaciones internacionales la ética cristiana se orienta hacia la paz y no hacia el conflicto y la guerra. Pero dicha paz es una paz calificada y es la justicia la que la califica. Es decir que la dignidad humana también se hace concreta a través de una paz justa.

En resumen, la acción política que se basa en la ética cristiana ha de centrarse en el respeto, la promoción y la protección de la dignidad humana. Y dicha dignidad se concreta en un orden social que promueve el respeto al derecho a la vida y a las libertades fundamentales, así como en la práctica de la responsabilidad, la solidaridad, la justicia y la paz. Así sea !

En fin se trata de un documento realmente importante e iluminador para quienes intentan hacer política desde la plataforma de la ética cristiana. Agradecemos a los lúcidos autores y a la iniciativa y el liderazgo intelectual de la Fundación Konrad Adenauer.
 
 

 
 
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