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El desarrollo humano como eje.

 
Óscar Álvarez Araya, Ph.D.
 

Las personas deben ser el centro y el fin de la vida social, económica y política. El estado, la empresa y el mercado deben estar orientados hacia el desarrollo integral de las personas, es decir hacia el auténtico desarrollo humano.

El desarrollo humano es un proceso ilimitado de crecimiento y realización de las personas en los diferentes ámbitos, que les permite avanzar hacia niveles cada vez más elevados de calidad de vida, bienestar y felicidad.

Los pueblos y las naciones tienen derecho a un desarrollo humano pleno que incluya tanto el desarrollo económico y social como el desarrollo cultural y espiritual. Ese desarrollo debe realizarse en el marco de la libertad y la solidaridad.

Tanto las instituciones del estado como las políticas económicas y sociales pueden ser instrumentos para promover ese desarrollo.

El crecimiento económico y la equidad sólo tienen sentido como medios para avanzar hacia la realización de los seres humanos. 

El  comunismo ha fracasado como opción de desarrollo humano. El sistema vencedor ha sido el capitalismo, por lo menos en la actual época histórica. Aunque existen diversos estilos de capitalismo: desde el capitalismo angloamericano de libre mercado hasta la economía japonesa solidaria de mercado y la economía europea “social de mercado”, entre otras. Mientras tanto, la América Latina, continúa siendo una zona de capitalismo, digamos en vías de desarrollo.

Para esos países de América Latina no existe como inspiración un modelo o línea única para alcanzar el desarrollo, sino las enseñanzas de varias experiencias o estilos de desarrollo que se gestaron en diferentes situaciones históricas. El camino de los Estados Unidos fue diferente al de Gran Bretaña y el camino de  Canadá, Israel o Nueva Zelanda ha sido diferente al de Japón. Incluso dentro de los Dragones Asiáticos, cada uno ha tenido sus peculiaridades: Taiwán, Corea del Sur o Singapur. La India empieza a perfilarse como un posible Tigre asiático con su propio estilo de desarrollo.

Sin embargo todos los países que se han desarrollado tienen en común algunos elementos: gobiernos al servicio del bien común, niveles altos de libertad económica y  una economía de empresa privada. Además, una capacidad para aprovechar las oportunidades o tendencias que ofrece cada ciclo histórico. Porque los pueblos y gobiernos también pueden autoexcluirse de los procesos de desarrollo. Es decir, que también existe el derecho al subdesarrollo.

Para avanzar hacia el desarrollo humano hay que crear, eso sí, riqueza, tanto económica como cultural y espiritual. En ese sentido hay países subdesarrollados en lo económico, pero con un alto nivel de desarrollo cultural y espiritual. Asimismo países muy exitosos en desarrollo político, pero con bajo desarrollo económico. Y a la inversa, países con desarrollo económico y poco desarrollo político.

Cada país ha de definir su propia vía o estilo de desarrollo, sabiendo de antemano que aunque lo desee no podrá repetir exactamente el camino de los países que le antecedieron. La nueva época histórica hace imposible la simple repetición. Cada pueblo ha de construir su estado y su propia economía libre que oriente el mercado y la empresa privada hacia el desarrollo humano.

 
 
 
 
 
 

 

 
 
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