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70 años del Dalai Lama.

 
Óscar Álvarez
 

Tenzin Gyatso, el Decimocuarto Dalai Lama, está cumpliendo 70 años de edad. Nació el seis de julio de 1935 en la provincia de Amdo, al nordeste de Tíbet, en una familia de humildes campesinos. A los seis años empezó su educación espiritual en Lhasa, capital del Tíbet. En 1940 fue oficialmente elevado al trono y en 1959 obtuvo con Honores su Doctorado en Filosofía Budista.

Dalai Lama significa “ Océano de Sabiduría” y de acuerdo a la cultura tibetana los que llevan ese título son considerados manifestaciones del Bodisatva de la Compasión, es decir seres que están en el camino de la perfección espiritual. Durante sus años de residencia en Lhasa el Dalai Lama tuvo tanto el poder espiritual o religioso como el poder civil del pueblo tibetano.

Mas en 1949 triunfa en China la revolución marxista-leninista de Mao Zedong y el 7 de octubre de 1950 el ejército chino invade el Tíbet. A pesar de la invasión, y sus secuelas de genocidio cultural y violaciones de los derechos humanos, el Dalai Lama intentó durante varios años y con métodos no-violentos de encontrar una forma de coexistencia pacífica con el gobierno de Beijing, de tal modo que el Tibet pudiera sobrevivir con algún grado de autonomía. En 1954 visitó la capital china para negociar la paz con Mao.

Pero en marzo de 1959 las fuerzas de ocupación reprimen brutalmente un levantamiento tibetano y ante el inminente peligro para la vida del Dalai Lama, éste decide abandonar su patria y solicitar asilo al gobierno de la India. A partir de entonces vive asilado en Dharamsala rodeado con miles de sus seguidores. Es como el “Papa” de la principal “iglesia” del budismo tibetano y simultáneamente el jefe del gobierno tibetano en el exilio. Su salida de Lahsa significó una tragedia para su pueblo y para su causa, pero a la vez abrió nuevas oportunidades para la causa budista que se internacionalizó.

El Dalai Lama empieza a viajar por el mundo difundiendo las enseñanzas de paz, tolerancia y compasión del budismo tibetano y promoviendo la libertad y la autonomía del Tibet, enfatizando siempre los métodos no-violentos que aprendió del Buda y del Mahatma Gandhi.

En 1963 presentó un proyecto de Constitución democrática para el Tíbet y en 1992 anunció que cuando su país obtuviera nuevamente la autonomía abdicaría de sus cargos políticos para vivir como un ciudadano común. El exilio en la India democrática y el contacto con el mundo internacional, le transformaron hasta convertirle en el primer Dalai Lama con ideas democráticas.

Apeló a las Naciones Unidas y obtuvo resoluciones favorables a su pueblo. Una y otra vez ha propuesto iniciativas para solucionar la problemática tibetana, aclarando que no aspira a la independencia respecto de la República Popular China, sino a un status de autonomía dentro de China.

Siendo ya una persona mayor, el Dalai Lama continúa incansablemente negociando con las autoridades de Beijing una posible salida pacífica que signifique la libertad, la autonomía y la identidad cultural para el pueblo del Tíbet. Al mismo tiempo se ha convertido en un maestro de la paz en todos los continentes y en una personalidad espiritual de dimensión internacional que ha dado a conocer al mundo las enseñanzas del budismo tibetano.

Su compromiso con la paz fue reconocido internacionalmente cuando en 1989 se le otorgó el Premio Nobel de la Paz, “primera y principalmente por su firme oposición al uso de la violencia en la lucha de su pueblo para recuperar su libertad”.

Entre sus múltiples ideas sociales y políticas ha insistido en la importancia de contar con enemigos como medio de cultivar nuestra capacidad de tolerancia.

En su discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz, rindió tributo a sus maestros:

“ Me siento honrado y humilde y profundamente conmovido por el hecho de que hayan dado éste importante premio a un simple monje del Tíbet. No soy alguien especial, pero pienso que el premio es un reconocimiento al verdadero valor del altruismo, el amor, la compasión y la no-violencia que yo trato de practicar de acuerdo con las enseñanzas de Buda y de los grandes sabios de India y Tíbet. Acepto el premio con profunda gratitud en nombre de los oprimidos de todas partes y de todos aquellos que luchan por la libertad y trabajan por la paz mundial. Lo acepto como un tributo al hombre que fundó la tradición moderna de la acción no-violenta para el cambio, Mahatma Gandhi, cuya vida me enseñó e inspiró.”

 
 
 
 
 

 

 
 
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